5 may. 2008

A TI VICTOR

No podía dejar de mirarlo y admirar su belleza inquebrantable.
El cabello marchito y chamuscado caía sobre su frente como queriendo tapar esos ojos claros, hoy cerrados para siempre en el sueño eterno.
¿Dónde, en qué lugar estás, alado pasajero, voz, ángel de todos los sueños? ¿Dónde, dónde tu tierno amor, el ansia que desgrana su inquietante semilla, y recorre enormes latitudes como un rayo incansable, como un cometa errante en la noche del tiempo?
Mueren los hombres, pero no muere su obra. Te recuerdo buen hermano, buen padre, con tu sonrisa ancha, mientras enseñabas los números, en pupitres humildes, en la muerte diaria, afirmada en el pilar del mundo junto a la madre de todas las noches.
Sé que ya no podré esperarte, te has ido, emigraste hacia donde mueren los pajaritos, en silencio. Se te diluyó endulzándote, la sangre.
¿Cuándo trataste de fugarte de esa tristeza intrínseca, que no recuerdo bien cuándo se apoderó de ti?
Ya no excavaré en los cielos, graznando, como una gaviota herida, buscándote en el abismo infinito del gran azul (agua verdina de tus ojos), cuando tus lágrimas se deslizaban en mis hombros como diamantes diluidos en mil pequeñas estrellas.
Nos quedamos a la vera del viento, mientras el mar océano se agita, carcomiendo las arenas rubias, de sus orillas.
¡Y ese morir de pronto consumido en la hoguera entre lapidas que ocultan los últimos sollozos de la tarde!
¡Adiós! ¡Nos vemos allá! En las mansiones del cielo.

TU ÚLTIMO VIAJE.

Te fuiste por la noche con el viento
acompañado de hojas amarillas,
repique de aburridas campanillas,
despojado de voz y entendimiento.

Y la familia unida en sentimiento
afligidos, con húmedas mejillas,
vedando si las hubo, las rencillas,
hicieron reunión en tal momento.

Cuando emergió la nueva madrugada,
comenzaste tu viaje más siniestro,
y nos dejaste el corazón herido.

Al comenzar la difusa alborada,
ya sólo eres, metafísico espectro,
que nunca se perderá en el olvido.



Fotografía...de Soni (luna llena)

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