Llueve en los callejones 

de mi alma,
destrozándome el pecho, 
como una granada abierta. 

¡Porque estás y no te tengo...! 

Y se me hace la piel más fría,
y se me seca la boca,
y derribo nuevas sombras,
que antes fueron vida. 

Llueve en los callejones
de mi alma,
y se me escapan las lagrimas,
en un caudal de celeste lenguaje.