26 may. 2007

EL LOCO

Estaba sentada frente al PC, escuchaba música y revisaba algunos trabajos. De pronto comencé a sentir la brisa del mar en mi espalda; las cortinas de gasa blanca volaban como gaviotas sobre los muebles. Me levanté de la silla y fui a cerrar las ventanas. Anochecía. Una inmensa luna se reflejaba en el mar.
Repentinamente sonó el timbre de la puerta, y sin precaución alguna la abrí. ¡Ups! Casi morí de susto: era el loco, un esquizofrénico pordiosero que deambula sin orientación por la ciudad. Siempre viene a casa, pero yo no lo atiendo: me da miedo.
“Tengo hambre”, me dice… “Te prepararé un bocadillo”, le respondo y, me dirijo a la cocina sin percatarme de que dejo la puerta abierta.
Al regresar, otro sobresalto: él estaba adentro de la casa, sentado en un sillón del living. ¡Estaba sola en casa! Con un esfuerzo de concentración, mantuve la calma. Le serví el té y el pan con queso y le ofrecí un cigarrillo.
“¿Sabe, señora? me dicen el loco porque siempre ando sucio, desmarañado, y hago cosas que no son normales, pero nadie sabe mi pena”, comenzó a relatarme.
“Fui un renombrado gerente en la mina de Chuquicamata, viajaba mucho alrededor del mundo; hablo tres idiomas, inglés, italiano y japonés…”
En parte, me constaba, pues a veces lo había escuchado conversando en tano con mi esposo.
“En unos de mis viajes conocí a una grácil mujer, nos enamoramos y nos casamos. Nuestra luna de miel sería navegando más allá del infinito; cogí mi velero y zarpamos mar adentro, las velas se dejaban llevar por el hálito suave de barlovento, todo era hermoso como el legendario azul del cielo".
“Súbitamente los vientos derroteros nos empujaron rumbo a las crestas rocosas que abrían sus carnes al sol, para recibir las ariscas caricias de las aguas perdidas, con un avivado y fuerte oleaje. Naufragamos. Ella se perdió en la inmensidad del mar. Mis lágrimas exacerbadas vaciaron la noche de luz, bajo un manto de luna, justo antes de que mi vida volviera a ser la de siempre.”
El loco tenía los labios menguados, íntimamente rotos por la delicadeza del dolor. Apuró su bocadillo y encendió el cigarrillo con sus ojos desorbitados, que luego sumergió dentro de la taza de té: buscaba afanosamente a su amada. Se paró y se fue. Nunca se me había oprimido tanto el corazón en toda mi vida.
  • Pintura. El pordiosero de Alexis Quiñones Parra(Chileno)

10 comentarios:

Anónimo dijo...

a veces los ermitaños y las personas que deambulan en las calles tienen historias conmovedoras y crudas, debio ser un momento algo dificil, pero has dado un poco de tu belleza a su historia.

como siempre un gusto leerte amiga

un beso!

Anónimo dijo...

saludos, para usted.
atte. A. Enrique Quiñones Parra

Anónimo dijo...

Si, A. Enrique es un loco de aquellos... pero que loco más inolvidable...

Anónimo dijo...

Si, A. Enrique es un loco de aquellos... pero que loco más inolvidable...

Sonia Antonella dijo...

A.Enrique Quiñones.
Llegaste! Espero que no te moleste que haya tomado tu hermosa pintura,para que acompañara mi humilde relato.


besitos
soni

Anónimo dijo...

Loco y bien llamado loco... demente pero consecuente... el loco me dijo mirándome a los ojos con toda lucidez, un NO rotundo e inesperado... El loco dejó un gran vacío en mi corazón con su partida... nunca dio pié atrás, tampoco explicaciones... ese loco me dejó claro que el amor no vive de promesas... ese loco que me enseñó a amar y luego se me fue como el agua entre los dedos...ese loco que ignora lo que no ama sin miramientos, es como una estaca en mi corazón...
AEQP...cuánto se te extraña!!!

EPE

Anónimo dijo...

Es hora ya de mandar al loco al olvido... hasta siempre

Sonia Antonella dijo...

Esos locos que se cruzan en nuestro camino no se olvidan...hoy volví a ver a mi loco...sucio,hediondo y más agresivo que nunca...me dieron ganas de abrazarlo,pero no,su mirada iba extraviada,sin embargo le salude y el me saludó,por supuesto que no me reconoció,pero ahí anda él, en esas veredas sin mañanas.



Hasta siempre!

Anónimo dijo...

Sofia Antonella...
Tienes toda la razón... estos locos, el tuyo y el mio,son como espinas en el corazón... dejaron huellas indelebles...
Este loco del que te hablo no tiene nada en común con el tuyo...es un loco de claras perpectivas, huele a Paco Rabanne... deja una mágica estela cuando pasa, hipnotizando a toda ilusa que pasa por su lado...

Anónimo dijo...

Me trato de autoconvencer que lo he olvidado...y sería lo mejor que me podría pasar... pero no dejo toparme con su imagen fulgurante y su sonrisa perfecta en mis paisajes oníricos...