24 jul. 2008

A MIS MUERTOS VIVOS

  • Como en renegridos trenes yo regreso a mis muertos vivos.
    En trenes que cabalgan sobre las blancas dunas guiados por no sé qué extraños ferroviarios que atesoran kilómetros de tiempo, junto a pasajeros que rumian su alma inexistente.
    Vuelvo a pasar provincias. El río Loa que revuelve su curso con perspicacia a un hilillo de agua que le da vida a la pampa; oficinas salitreras de silencio que limitan al frío, alambradas, barbechos, mineras que sustentan la esperanza del hombre, su axiomática sombra.
    Y así llego a mi pueblo con sus calles terrosas. Y a mi amado ferrocarril, cuyas casas ya no existen, y a la iglesia de calamina que sólo le queda el esqueleto.
    Al regazo de mi padre, tierno, seguro. Admirándolo como construye habitaciones con esa rica madera de pino Oregón. Regalo de los gringos. Que el último temblor esparció por el suelo. Mientras que de su boca pende un cigarrillo Lucky Strike.
    Revivo los días caliginosos, en una retrospección exhaustiva; el desvelo, en noches de estío, los cercanos incendios en los cerros, cuando el sol desfallece de cansancio, y los albatros dejan de buscar su alimento.
    A mi primer amor, que nació entre marismas vacilantes, entre naranjas pulidas. Nuestros cuerpos eran sólo una manchita pálida cuando salía la luna. Bochorno constante, ante las primeras y controladas caricias. Su muerte vino sin siquiera anunciarse.
    Y a ti Víctor, cómplice de mis travesuras, cuando éramos sol y cobre que ondeaba en nuestras cabelleras.
    Vuelvo a la casa de mis abuelos, que vinieron desde lejos; a las enredaderas de nísperos albergando los sueños por volver; a las vetustas higueras, los paltos, los naranjos y limoneros que florecían como por arte de magia, en el magnánimo desierto.
    Y a esa cocina de hierro, en la que ardía la leña en los inviernos; los libros, los periódicos, que mi filósofo abuelo leía: terremotos, sequías en países lejanos. En corea los muertos agigantan la muerte.
    Perspectivas del Principado de Mónaco. La familia Grimaldi se esconde tras gafas oscuras, y el cometa honda atraviesa galaxias.
    Pasan ramales, camanchacas, estaciones fantasmagóricas en la noche; guardagujas famélicos que señalan desmenuzando la angustia. El incienso de gastadas calderas me recorre.
    Como en renegridos trenes yo regreso a mis muertos vivos. Cuando tengo muy lleno de pesar y de nostalgia el corazón.

6 comentarios:

Monelle dijo...

Bellísimo texto amiga Sonia. Ha sido un placer poder leerlo y sentirlo, con todo sus aromas, imágenes y matices. Felicidades.
Besos.
Carmen

Manel Aljama dijo...

Bellísimo texto en prosa poética que en el fondo es un poema.
Nostalgia evocación lleno de imágenes y recursos. No quiero ser injusto, pues cualquier fragmento sirve, pero destaco esto:
"En trenes que cabalgan sobre las blancas dunas guiados por no sé qué extraños ferroviarios que atesoran kilómetros de tiempo, "

"cuando éramos sol y cobre que ondeaba en nuestras cabelleras."
Manel
http://manelaljama.blogspot.com

Sonia Antonella dijo...

Monelle!!
Amiga ,muchas gracias por visitarme...ups! me emocioné.Y por tu comentario.


besitossssssss

Sonia Antonella dijo...

Manel Aljama,escritor que rico encontrarte nuevamente acá...muchas gracias por tu comentario.

besitosssssss

Manel Aljama dijo...

Me voy a enrojecer :) pues todavía me queda mucho que aprender, en serio.
¿Por qué no te das una visita por estos blogs cuando tengas un ratito?

Los que pasamos por GB no nos hemos ido. Estamos por aquí.

Monelle: http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php?blog=6
Anermart:
http://conanelbarbero.blogspot.com/
y un servidor:
http://manelaljama.blogspot.com/

Besos

Carlos Naza dijo...

Soni, tres veces lo he leido porque tres veces lo he disfrutado.

Un texto precioso, te felicito y te animo a que te prodigues en la prosa.

ahhh y el título, estupendo.

Felicidades de corazón.