23 oct. 2007

RENACER

  • Apenas había llegado Rossana a su casita de verano, corrió hacia la ventana, para quedar sumida en profunda meditación. Atrás habían quedado las transfusiones,la clínica y esas odiosas agujas que detestaba tanto.
  • Arreboles multicolores ya se adivinaban en el cielo, perseidas luminosas mostraban la majestuosidad del mar.
  • Apoyándose en los codos miraba con nostalgia el océano. Un manto azul transparente de silencio la rodeaba en esos momentos, el viento y la brisa marina hacían mariposas en su pelo, el tiempo se detenía en un éxtasis de encanto y sólo el piélago parecía digno de su espíritu.
  • A la mañana siguiente toalla en mano, bajó a la playa, se tendió en la tibia arena, Rossana en realidad no dormitaba, sino que estaba abstraída en ese sopor indefinible que causan las olas y el olor del mar. En completo desorden los recuerdos inevitables comenzaron a desfilar y, con ellos, las culpas archivadas en su memoria.
  • Un impuso incontenible la levantó.
  • A pleno sol, vestida de espuma blanca, sonriendo con las gaviotas, acechaba, el peligro.
  • De pronto, los veraneantes que se encontraban alrededor se agolpaban en la orilla del mar, gritos iban y venían… un chamo intrépido se estaba ahogando. Sobresaliendo un grito desgarrador.
  • Rossana dio la vuelta, tirándose al agua, sin calcular lo que hacía, nadó, braceó, forcejeó desmesuradamente para aproximarse al muchacho, trémulo de horror al sentir que no podía mantenerse a flote.
  • “Quietito, calmadito” le susurraba ella para no alarmarlo; era un verdadero suplicio mantenerse a flote.
  • “¿Quieres morir? Dime, eso ¿quieres? “Le gritaba Rosana con convicción.
  • “Te sacaré “le musitaba para mantenerlo en calma. El muchacho preso de miedo le miraba sin verla.
  • “! Mírame ¡…! mírame ¡ ! carajo¡”, le gritó Rossana desesperada.
  • “Mira mis brazos, ¡duelen! Los brazos de Rossana estaban amoratados, las huellas de las agujas se podían ver. El muchacho se tranquilizó y ella pudo al fin rodearlo del dorso para nadar con él hacia la orilla.
  • “Nos vamos a morir” preguntaba el muchacho aterrado, tragando agua .“No , tenemos mucha vida por delante, no tengas miedo” amorosamente le decía ella.
  • Los recuerdos, la culpa, esa enfermedad efímera del cuerpo y del alma, pueden curarse.
  • El perdón llega. Y, entonces, las ventajas cambian. “En vez de querer ser la mejor.Voy a ser única, diferente y capaz de ser querida sin que cueste tanto." Se repetía Rossana después de aquél episodio.
  • Diego, así se llama el chamo, no deja de apachurrarla en cuanto la ve.

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