Tristeza
quiero que sepas,
no voy a permitir, te quedes en mi vida.
No quiero noches de insomnios. Ni pensamientos
de soledad. Voy a ponerme un sombrero de terciopelo grande,
y que no veas mis lágrimas. Caminaré erguida mirando al cielo,
para no ver tu sombra, de pájaro de ébano, junto a la mía.
Ya te dije: no quiero tu compañía. No te quedes como el cuervo,
en el dintel de mi puerta ¡Nunca más! ¡Nunca más!
Voy a hacer tantas cosas, ¡Tantas! con tal de no verte un solo día,
soportando oscuras noches vacías. Yo te prometo a cambio
tener mi mano tendida, para ayudar al que sufre, al desvalido.
Y mi espíritu abrigado, para ese niño que tenga frío. Ah, tristeza,
no te atrevas a deslizar tu silenciosa sombra, no golpees mi puerta
que dejé entreabierta, porque yo sólo quiero luz para mi vida.
Y que mi alma que dormía en el suelo,
se deslice y vuele hacia los corazones
de los que amo,
y me aman.